Una opinión sobre la opinión

En algunas ocasiones al opinar o criticar me han respondido con “ay, ud también hace eso” o infinitas variaciones de esa frase. En el momento de recibir esa respuesta pasan por mí varias sensaciones, en orden: pasmo, rabia, impotencia y finalmente risa.

Sucede que esa triste premisa parece tener validez infinita. Por qué? Acaso el hecho de que una persona A se saque los mocos justifica, opaca, o le quita importancia a que B también lo haga? El hecho de tener defectos diferentes, parecidos o iguales a los de otra persona me incapacita para advertirle que los tiene?

Debo confesarlo. Mi primer instinto cuando estoy en una discusión y alguien encuentra en mi cierto defecto que yo encuentro en esa misma persona es responder con esas mágicas palabrillas. A veces lo hago, y funciona… Casi siempre me reprimo, porque me parece absurdo. 

Sinceramente creo que un preso, un presidente, un sujeto de clase media o un indigente tienen, o más bien, deberían tener cierto derecho inalienable: la opinión. No la libertad, no somos nada libres. No la vida, nos la quitan por opinar distinto. 

Pero opinar es lo más sano del mundo; nadie se reprime cosas que puedan surgir en peores momentos, nadie acumula rencores silenciosos, nadie sigue equivocado sin darse cuenta, etc. Además, daño no hace, realmente.

Cual es el sentido de la opinión? En quienes opinan, es el derecho a expresarse y a no tener que soportar que alguien sea o no sea de determinada manera. Sobre quienes se opina, tienen el derecho a encontrar o a que les indiquen que en sí mismos tienen defectos, y al analizar las situaciones poder ser mejores personas.

Cada quien tiene, además, el derecho a estar o no de acuerdo con las opiniones ajenas sobre otros y sobre sí mismos. Cada uno tiene, como sabemos, diferentes perspectivas. La realidad tiene demasiados matices para que estemos todos de acuerdo, pero sería genial que otros conocieran y tal vez entendieran la posición de uno, así no la compartan.

Pero hay problemas. Resulta que hoy, como siempre, hay una sensibilidad extrema con respecto a la opinión ajena. Siempre duele demasiado que alguien esté en desacuerdo o fastidiado por la propia conducta. Por qué siempre que surge una opinión diferente hay tantos problemas? Por qué quien es criticado se siente atacado y ultrajado? Por qué algunos incluso utilizan la opinión para dañar?

La crítica es una herramienta importantísima, pienso yo, pero poco valorada. Nadie es absolutamente perfecto, eso es imposible, pero se puede ser subjetivamente perfecto. Quien no viva tratando de ser mejor que sí mismo, solo se perjudica. Pero parece que no se puede aspirar a algo nuevo, no podemos ser mejores si no somos iguales. Nadie quiere deferencias, nadie quiere divergencia de opiniones, nadie quiere disidentes. 

La religión, el racismo, el totalitarismo, la moral, la política, la xenofobia… Todas pruebas irrefutables de que este problema de diferencias es más que grave, es más que visible. Tal vez sea mucho pedir pensar en tolerancia? Será tan irracional el respeto? Tristemente, parece que sí.

Así, el único daño de la opinión es psicológico. Y la causa de ese daño no es la opinión en sí, es la hipersensibilidad. Realmente, si alguien opina algo que pienso que es absurdo, o incluso tonto, me deja dos opciones: tratar de sacarlo de su error o ignorarlo. 

Para la humanidad, en general, existe una tercera opción, que se convierte en la primera en elección: acabar con quien opina. Así, el ofendido tiene algunas opciones. Puede hacer que el otro se retracte sobornándolo o amenazándolo, puede matarlo, puede inculparlo de algo peor, etc. Puede destruir su vida de muchas maneras para que esa opinión carezca, finalmente, de validez. Este es el mundo en el que vivimos, tristemente silenciado, vilmente manipulado y tontamente censurado. 

Pero este sólo es mi punto de vista.  Alguien quiere opinar?  

This post is posted on Thursday 3 March 2011.